viernes, 12 de abril de 2013

EL SECRETO DE LA JOYITA DE AZUQUECA



Antecedentes
A finales de 2011 intenté la inscripción para la edición 2012; no lo logre, ya se habían agotado los dorsales. Tampoco hubiera podido participar –como no lo hice en Madrid- pues me lesioné.
Con esa espinita clavada y las ganas de conocer París, más atento en octubre de 2012 consigo la inscripción para este año. En ese momento llevaba 2 meses parado por lesión y no comenzaría a entrenar hasta el 9 de diciembre con un par de vueltas al anillo de hierba de la pista de atletismo. Al final y en total, 4 meses de inactividad.
4 meses después de la vuelta a los entrenos me propongo tomar la salida en el Maratón de París. Sí, una auténtica locura. No hace falta que me lo diga nadie. Ese es uno de los motivos por los que lo he mantenido en secreto. He preferido eso a cualquier tipo de stress, bastante tengo con el trabajo. Os pido disculpas a todos. Ampliaré detalles y explicaciones.
 
La Carrera
Domingo 7 de abril. El día amanece soleado (ya es noticia porque nos ha llovido el resto hasta ayer jueves) pero muy frío. De camino al metro para trasladarnos a la salida los calcetines “se me encogen”, los 2 a mitad de pie. Por suerte llevo otro par en la mochila, nada más llegar a la estación me cambio; no son tan ligeros ni técnicos pero a cambio tendré los pies más calentitos. Solucionado.
50.000 personas dispuestas a tomar la salida a las 8.45 horas en los Campos Eliseos con una temperatura de 3 grados. Acceso por cajones según tiempo estimado, bien señalizado y controlado. Supongo que la salida oficial se realiza a la hora prevista, no lo veo, mucha gente, mucha distancia. Estoy situado en el lado derecho de la calzada de esta avenida de más de 25 metros de ancho buscando el solecito que aparece por encima de los edificios cuando observo sorprendido que la parte izquierda se va vaciando y que por ese lado ya han salido corredores de 3.45 o 4.00 horas mientras que los de 3.15 o 3.30 estamos aún detenidos. Increíble, todo un Maratón de París gestiona la salida de esta manera.
Bueno, yo estoy tranquilo. Mis sensaciones en cambio no son del todo óptimas; no noto las piernas tan relajadas como desearía.
Finalmente, a las 9.06 cruzo la línea de salida. El primer kilometro y algo se hace sobre pavés; en efecto, no ando tan suelto. Además de guantes, encima de la camiseta con el dorsal llevo otra camiseta de manga corta para entrar en calor los primeros kilómetros. Me deshago de ella antes del km 5. Bien gestionado. Por cierto, es sorprendente la calidad de algunas prendas de las que prescinde la gente. Si hasta dan ganas de agacharse al suelo y recogerlas. Esta parte es céntrica y hay mucha animación.
Llegado el km 9.5 sufro un pequeño percance: un gabacho me saca de cuajo la zapatilla derecha. La riada humana en su carrera me la desplaza unos 6 o 7 metros hacia delante. Pequeño sprint para recogerla y como buenamente puedo me aparto a un lado de la carretera. Soy incapaz siquiera de quitarme un guante como para desatar los cordones. Inspiración: si ha salido de cuajo entra de cuajo. Dicho y hecho, un pelín más floja pero en 20/25 segundos reanudo la marcha.
Por estas el recorrido nos había alejado un poco del centro hasta que en torno al km 12-13 giramos para regresar. Me mantengo entre los 2 “globos” de 3.30, es decir, voy a 5 min/km. Todo un sueño… que mantengo hasta el km 25. Allá por el veintitantos empezamos a correr junto al Sena. Zona ondulada de por sí aderezada con unos pocos túneles. Severo castigo para mis fuerzas.
En el km 30 me detengo a degustar el avituallamiento: agua, plátano, naranja. Dónde verdaderamente empieza el maratón yo “no estoy”. Yo empiezo otra cosa. En este punto puedo concluir lo mejor y lo peor de mi carrera:
-          Lo mejor: la fe inquebrantable y la absoluta seguridad de que cuándo sea y cómo sea yo acabo y me llevo la medalla (Jacinto, Berlín 2009)
-          Lo peor: podría estamparme más adelante intentándolo, pero no sufro como maratoniano. He empezado a pasarlo mal, quizás me he dado contra el muro y no hago nada por superarlo. Me relajo en la coartada (“voy corto de preparación en todos los sentidos, es normal”; “ir a 5 min/km no era asumible”…). Me duele gestionar así un maratón, la verdad. No lo pongo como excusa, de verdad; más bien al contrario
Un poco antes de bordear Roland Garros veo a mi mujer por última vez (km 32.5). Le explico que sea paciente, que tardaré en llegar a la meta pero que allí estaré sin falta. A partir del km 34 y hasta casi el 42 la carrera discurre por la Casa de Campo de París (si hasta hay carteles como los de toda la vida de ‘No hacer fuego’, en francés claro) ¡quejaos del Mapoma! Genial para mis maltrechas piernas… Hasta en 3 ocasiones tengo pararme a estirar, sufro calambres.
No me va mal de todo, parciales a 6.30 min/km del 30 al 40 para lo cascao que estoy. En este tramo me supera el globo de 3.45. Intento seguirle; mejor no. Los últimos 500 metros vuelven a ser de maravilloso pavés, el remate. Intento bajar de 3.50 pero corro el riesgo de romperme. Sprint moderado y tiempo final de 3.50.03.
Tras la línea de meta medalla y camiseta, y como al principio otra sorpresa.  Tratándose de Europa dónde las tallas ya suelen ser de por sí más grandes resulta que no hay S. En fin…
Adjunto foto del “triunfo”.
 
Ricky
 


1 comentario:

  1. Eres un CAMPEON.

    El acabar la marathón es para sentirse satisfecho y hacerlo con el poco entrenamiento que llevabas es una proeza.

    ENHORABUENA.

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